Hola,
gracias por estar aquí. Hoy quiero hablarte de algo que muchas veces se calla, pero que tantas sentimos: el postparto.
Durante meses, toda la atención estuvo centrada en el bienestar de la madre: en cómo se sentía, cómo crecía su cuerpo, cómo se preparaba para ese gran momento. Si tuvo suerte, contó con una red que la sostuvo: familia, pareja, amistades, compañeros, personas que preguntaban cómo estaba, que se interesaban por los cambios de su cuerpo y de su vida.
Y llega el momento tan esperado: el encuentro.
Esa persona que conoces hace nueve meses, pero que aún no habías podido tocar ni mirar a los ojos. Y de pronto, la tienes en tus brazos. El mar de emociones es tan grande que te inunda una embriaguez de amor.
Ahí está, ese trocito de vida que tú misma creaste, que tu cuerpo, con toda su sabiduría, dio forma.
Y todo sucede muy rápido.
Empieza la historia de esa nueva vida que depende de ti. Le das forma, rutina, abrigo. Le das todo.
Y aquí me detengo: en ese “dar todo” que a veces te deja vacía, sin fuerzas, con emociones confusas, con noches sin dormir, y aun así sigues dándolo todo, sin saber bien cómo.
El cóctel hormonal que te acompañó durante la gestación empieza a cambiar, mientras tú intentas adaptarte al nuevo ritmo.
Miras a tu bebé, lo hueles, y sientes que lo tienes todo en ese micromundo donde solo están tú y él (o ella).
Pero cuando una parte de ti sale de ese micromundo, te invade la soledad.
Algo de ti murió, algo de ti nació. No te reconoces del todo, no ha habido tiempo para presentarte ante esta nueva versión de ti.
A tu alrededor, todos quieren conocer al bebé: cargarlo, preguntarte si fue parto o cesárea, si das pecho o no, cuándo volverás a trabajar, cuánto duermes… Preguntas que a veces no hieren, pero cansan.
Porque lo que tú necesitas es que te pregunten cómo estás tú.
Necesitas hablar de tu parto, de lo extraño que es tener una vida a cargo, de lo sola que se vuelven algunas noches, de esa culpa por sentirte así, cuando se supone que deberías estar feliz.
El postparto no dura lo que nos dijeron.
Es un proceso de reencuentro contigo misma, de reconstruir una identidad que cambió para siempre.
Y merece ser acompañado, escuchado y sostenido con la misma ternura con la que tú sostienes a tu bebé.
En Aflorar Emoción, abrimos este espacio para hablar de esos silencios, de los duelos, de la fuerza y de la vulnerabilidad que habitan en la maternidad.
Que este sea también un lugar para ti, donde puedas aflorar, a tu ritmo, con tus tiempos, con tus luces y tus sombras.Gracias por leerme 🌷
Con cariño,
Francisca